CARTA DE AMOR DE ADOLFO BIOY CASARES A ELENA GARRO. Mi querida, aquí estoy recorriendo desorientado las tristes galerías del barco ... y visito de vez en vez tu fotografía y tu firma en el pasaporte... Has poblado tanto mi vida en estos tiempos que si cierro los ojos y no pienso en nada aparecen tu imagen y tu voz.Ayer cuando me dormía así te ví y te oí de pronto: desperté sobresaltado y quedé muy acongojado, pensando en tí, con mucha ternura y también en mí y es como vamos perdiendo todo. Te digo ésto y en seguida me asusto: en los últimos días estuviste no solamente muy tierna conmigo sino también benévola e indulgente, pero no debo irritarte con melancolía , de todos modos cuando abra el sobre de de tu carta ( espero , por favor que me escribas ) temblaré un poco. Ojalá que no me escribas diciéndome que todo se acabó y que es inútil seguir la correspondencia. Tú sabes que hay muchas cosas que no hicimos y que nos gustaría hacer juntos. Además, recuerda cómo nos hemos divertido, cómo nos queremos. Y si a veces me pongo un poco sentimental no te enojes demasiado... Me gustaría ser más inteligente o más certero, escribirte cartas maravillosas. Debo resignarme a conjugar el verbo amar , a repetir por milésima vez que nunca quise a nadie como te quiero a tí, que te admiro, que te respeto,que me gustas, que me diviertes, que me emocionas, que te adoro. Que el mundo sin tí, que ahora me toca, me deprime, y que sería muy desdichado de no encontrarnos en el futuro. Te beso, mi amor, te pido perdón por mis necedades. Fragmento de una carta de amor de Adolfo Bioy Casares ( escritor argentino ) casado con Silvina Ocampo ( argentina) a Elena Garro ( mejicana ) casada con Octavio Paz.
Deja ya de perseguirme viento atrevido del norte déjame, que estoy cansada quiero tenderme en el monte. ¿Quieres mi cinta de seda ? ¿Quieres mi anillo, mi broche ? Tenlos, viento, pero déjame quiero estar sola en el bosque. He corrido tanto, tanto desde el día hasta la noche. Salté ríos en mi huida y atravesé el horizonte. Deja ya de perseguirme viento atrevido del norte déjame que estoy cansada quiero tenderme en el monte. CLARIBEL ALEGRIA.
A la casa de las palabras, soñó Helena Villagra acudían los poetas. Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían locas de ganas de ser elegidas: ellas rogaban a los poetas que las miraran, que las olieran, que las tocaran, que las lamieran. Los poetas abrían los frascos, probaban palabras con el dedo y entonces se relamían o fruncían la nariz. Los poetas andaban en busca de palabras que no conocían, y también buscaban palabras que conocían y habían perdido. En la casa de las palabras había una mesa de los colores y cada poeta se servía del color que le hacía falta : amarillo limón o amarillo sol, azul de mar o de humo, rojo lacre, rojo sangre, rojo vino ... Eduardo Galeano. de "El libro de los abrazos "
Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kavadloff lo llevó a descubrirla. Viajaron al Sur. Ella, la mar , estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas dunas de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor que el niño quedó mudo de hermosura. Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre: ¡AYÜDAME A MIRAR !
¿Cómo sujetar mi alma para que no roce la tuya ? ¿Cómo debo elevarla hacia las otras cosas sobre tí ? Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido en un rincón extraño y mudo donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse. Pero todo aquello que tocamos tú y yo, nos une, como un golpe de arco, que una sola voz arranca de dos cuerdas. ¿En qué instrumento nos tensaron ? ¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido ? ¡Oh dulce canto !. Rainer María Rilke.
-Eres tan guapa - dijo acariciándole la cara y pasándole un dedo por los párpados , la nariz y los labios - Eres muy importante para mí. Quiero cuidar de tí, velar por tí . No quiero que te pase nada malo. Nina lo miró, le cogió la mano y la besó. -Por favor, deja que te ame.- Nina asintió ligeramente azorada y apartó la vista sin soltarle la mano. -Quiero que seas la mujer más feliz del mundo. Nina volvió la cara y lo miró a los ojos, en los que vio lo que esperaba : dulzura, honradez y sinceridad. Charley le puso una mano en la barbilla y le acercó la cara. - Estoy enamorado - aseguró antes de cubrir sus labios y darle un beso elegante, delicado y sutil , como él mismo. Cuando se apartó , lo miró con timidez,. A pesar de sonreír , le desilusionó no haber sentido los fuegos artificiales de los que le había dicho su madre que ella había sentido cuando su padre la besó por primera vez. No había notado mariposas aleteando enloquecidas en el estómago cuando le cogió la barbilla, y al besarla no había experimentado el temblor que Jumana le había descrito, esa sensación de derretirse como el chocolate , ni el ardor o la pasión desesperada para que la poseyera. Quizá todo eso vendría con el tiempo, se consoló. Este es un pequeñísimo fragmento del libro "Miel y almendras" de Maha Akhtar
Cada año en la época de nieve y con una flor en el pelo a menudo bebo hasta la embriaguez. deshojo las flores una a una aunque no me complace por entero ya que consigo únicamente empapar de lágrimas mi vestido este año me he perdido en algún lugar del horizonte, la tristeza encanece mis cabellos y por la noche escudriño por dónde viene el viento. ¡ ya me resulta tan difícil ver las hermosas flores del ciruelo abiertas ! LI QUINGZHAO.
En el crepúsculo ráfagas de viento y lluvia. Luz ardiente que se deshace y se apaga. Ya he dejado de tocar la flauta de bambú. Y frente al espejo engastado con flores ligeramente me maquillo
. Bajo el vestido de seda púrpura mi fina piel de nieve Exhala un delicioso perfume. Entonces sonriendo susurro a mi amado "esta noche tras el dosel de muselina sentiremos el frescor de nuestro lecho". CAI SANG ZI.
Debo dejarte, pero como oiga el murmullo del pino que se alza en el monte Ynaba volveré corriendo. Ariwara.