"Pasar por todo una vez, ligero,
siempre ligero / que no hagan
callo las cosas ni en el alma
ni en el cuerpo."
León Felipe.
-Al final del camino, está la luz - dijo la mujer.
El caminante reparó que ella vestía una túnica color sol, que la cubría hasta los pies.Era una doncella
de finos rasgos,larga cabellera, rubia y ojos azules-Caminaba con la finura de una gacela.
-¿ Ya la viste ?- preguntó ella y agregó -Búscala-
y se perdió entre los resplandores de la primavera.
El hombre, embelesado por la hermosura de de esa extraña joven, comenzó a caminar. Estaba cansado, sus pasos eran lentos. Llevaba a cuestas la vida, que lo había desbordado a través de los años,
pero sus pensamientos eran ligeros y limpios, como su alma sosegada, su alma de pájaro.
Amaba los grandes espacios, le hubiera gustado volar y surcar el cielo azul.
Anduvo y anduvo por caminos polvorosos, por caminos callados, por caminos incendiados de amapolas, por caminos fragantes, hasta que el cansancio lo venció.
La noche llegó despacio y el cielo se llenó de guiños- La luna flotaba por el firmamento. Se sentó sobre un tronco caído y entró en un sueño profundo, arropado en la densidad del silencio, comenzó a llenarse de visiones. Elisa se le apareció y le sonrió., la ternura con que acompañaba la sonrisa era infinita. Estaba más hermosa que nunca. Siempre sonriente. Ella soltaba la risa con facilidad. Tenía el alma buena y libre.La maldad no la había rozado.Los dos se amaron intensamente y crearon lazos sólidos, basados en la bondad y el trabajo digno. en la generosidad y la compasión.
El hombre vio pasar su vida en una sucesión en cámara lenta. Lo que vió le gustó.
El alba comenzó a meterse entre los huecos del follaje recién lavado. Era época de lluvias. El peregrino agradeció estar vivo y se dispuso a caminar. Paseó su mirada sobre el verdor de los campos y aún más allá. Respiró bocanadas de aire.Había aprendido a contemplar y venerar la naturaleza. También sabía gozarla.
De pronto, sintió una presencia a su lado y con sorpresa reconoció a la mujer con quien se había encontrado al comienzo de su camino.Vestía una túnica color sol que la cubría hasta los pies y llevaba un pañuelo cubriendo sus cabellos. Algunas hebras escapaban y se veían rubias como los trigales. Los ojos azules, como el azul del cielo que hubiera querido surcar.
-¿ Usted también busca la luz ?- preguntó.
-Te ayudaré a encontrarla, ya está cerca - contestó ella y lo tomó de la mano.
Caminaron ... caminaron ... hasta llegar a un lugar secreto.Súbitamente la vegetación se abrió.El caminante miró la copa de los árboles brotados en racimos de pájaros y escuchó , a lo lejos, la risa de cascabeles de Elisa- Volvió a agradecer la vida, sintió el ruido de su propio corazón y una estampida
de caballos en el pecho.Se sentó plácido, sereno, con una plegaria en los labios y entregó su alma a la
luz divina.
Sobre el manto de verdura de los campos abiertos,florecieron mariposas azules y doradas.
María del Carmen Názer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario