viernes, 28 de diciembre de 2012

CELEBRACIONES DE AÑO NUEVO.

                     ESPAÑA 

   En España, el comienzo del año se festeja con la tradición de las 12 uvas : cada comensal recibe un pequeño frutero y debe comer una uva por cada una de las 12 campanadas del reloj.
   El significado de este ritual se relaciona con las aspiraciones y anhelos personales y con el deseo expreso de que se conviertan en realidad.


           VENEZUELA.

   La llegada de fin de año en Venezuela es especial. Antes que den las 12, las familias se reúnen y preparan la HALLACA, una especie de humita repleta de condimentos y un relleno especial, que se regala a los amigos durante la noche de víspera de Año  Nuevo. Es una forma de reafirmar la amistad y de desear buena suerte para el próximo año.


      


           ALEMANIA.

   En Alemania desafían al destino con la ceremonia del BLEIGLESSEN.Consiste en develar los misterios del futuro con una barra de plomo que se pasa por una soldadora, se funde hasta  
hacerse agua, y las gotas plateadas se vierten en un vaso antes del alba. El plomo líquido se vuelve sólido nuevamente y toma formas extrañas que - con una buena dosis de imaginación - pueden predecir lo que depara el mañana.Un ejemplo de cómo el año nuevo es sinónimo de cambio y transformación.


        BRASIL

   En Brasil , existe una costumbre que proviene de la religión Umbanda, conocida como "la fiesta de lemanjá "
   Las playas se llenan de gente y los cantos religiosos inician la ceremonia para realizar ofrendas al mar, que la mayoría de las veces son flores en pequeños barcos de madera. Todos los participantes llevan trajes de colores blancos, bailan, cantan y celebran en un clima de armonía.


   ¿Y nosotros ... ? en mi casa siempre se festejó comiendo como si fuera "la última cena " y a las 12 abrazos y besos deseándonos lo mejor para cada uno.Mis hijos llevaban a sus hijos afuera a tirar cohetes , costumbre que me volvía histérica.Ahora todos son grandes y algunos no están.... en mi caso, a estas alturas, hay ausencias... es la vida ...

        POEMA 35.

    Vida, mi vida, déjate caer,
     déjate doler, mi vida,
    déjate enlazar de fuego,
    de silencio ingenuo
     de piedras verdes
    en la casa de la noche,
    déjate caer y doler, mi vida.

                      Alejandra Pizarnik.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

FELIZ NAVIDAD !!




A los queridos amigos que distraen minutos de su tiempo para leer mis publicaciones les deseo ¡MUY FELICES FIESTAS !! besos de luz.

TANKAS.




                  SOLEDAD.
 
       Sola mi alma
      la tarde de otoño
      hojas crujientes
      llega el atardecer
      y entonces la quietud.







          .

                 CALOR


          Dí, qué sucede
          la noche de verano ?
          en luna llena
          los grillos en la puerta
          ya han enmudecido.









domingo, 16 de diciembre de 2012

EL VIEJO CITROEN.

   Sabido es que un docente difícilmente se hace rico. Vive dignamente. Nada más.
   Mi marido y yo teníamos un sueño loco, de ésos que pueblan la cabeza de los que no tienen mucho. Poseer un autito, así, en diminutivo. A más, ni siquiera nos atrevíamos ¡Cómo ha cambiado todo ! Muchos años más adelante mis hijos tenían sueños en aumentativo. Es la vida ...
   Volvamos ... soñábamos con un coche y mi compañero de ruta, nulo para los negocios , le compró un citroen a un vecino. ¡DE TERCERA MANO ...!! no me acuerdo bien, pero creo que las mismas veces lo pintó y repintó.
   ¡Ay, ese citroen, amigo alado !¿adónde nos llevó ? En primer lugar, al trabajo ,kilómetros y kilómetros arenados , entonces no había asfalto, allá iba el citroen, sin desmayar, a la escuelita de campo. Ida y vuelta. ¡pero qué maravilla ! jamás nos dejó varados, , cumplía su cometido a rajatabla., leal en aumentativo.
   Empezamos a pasear ¡traca... traca ,,, traca... ! salía el citroen cumpliendo deseos y fantasías , contento también él. Era parte de esa loca familia.
   Llegaba la etapa fundamental ; preparar el avío : suculentos emparedados de milanesa, manzanas rojas y brillantes, naranjas de ombligo, dulces como la miel y por supuesto gaseosas, léase Coca Cola. Un mantelito cuadriculado, en rojo y blanco, vasos de fino plástico, buen humor y alegría en cantidades industriales y ¡traca ... traca ... traca ...! allá íbamos ...
   Ese citroen, compañero, valiente , siempre dispuesto, acompañó a su dueño hasta el final. Terminó su vida olvidado en un taller de cuarta, una pieza por acá, una pieza por allá.
   Cuando veo un citroen por la calle  ( aún se ven ) tengo unas ganas irrefrenables de pedirle a su dueño que me permita sentirle la piel, sólo un segundo. No lo hago , simplemente porque terminaría en un loquero. Por estos tiempos no hay paciencia suelta y sí mucho malhumor.
   ¡Un aplauso enorme para el viejo citroen que colaboró con nuestra felicidad, sin retacear esfuerzos, del alfa al omega. Un aplauso que suba al cielo y el homenaje de mi ternura,
      ¡UN APLAUSO EN AUMENTATIVO !!

   ¿ Y si volviéramos a vivir la misma vida , en cámara lenta , para que no pase tan rápido ...? con todos los momentos en aumentativo ??. ¿No se puede ...?
   No, no me digas nada, amigo de las mil y una aventuras. No se puede ...

viernes, 14 de diciembre de 2012

martes, 11 de diciembre de 2012

HAIKUS.

      Deslumbraniento por los HAIKUS.Amor a primera vista...

                   DOLOR.

           Luz de mi alma
           mi plegaria ausente.
           lloran los sauces.









             VERANO.

         Calcina el sol
         arrozales quemados
         como la nada.



   









               ESPERA.

         Amado mío
         permanezco callada
         afuera llueve,








                ENAMORARSE.

                Entra, mi vida
                el robacorazones
                 la danza fugaz.









domingo, 9 de diciembre de 2012

TRISTEZA



SOMOS TRISTEZA
POR ESO LA ALEGRIA
ES UNA HAZAÑA.

HAIKU  ( BASHO )

LA PRINCESA DE TODOS LOS CUENTOS


LA PRINCESA DE TODOS LOS CUENTOS
(un cuento de Andrés Pascual para la Red Vecinal de La Rioja contra la violencia doméstica)

Érase una vez una mujer que quería vivir la vida de las princesas de los cuentos.
Quería que sus largos cabellos rubios brillasen bajo un sol perpetuo, vestir sedas traídas de Oriente, jugar al escondite con un conejo ataviado con sombrero de copa, morder manzanas siempre rojas, dormir a pierna suelta hasta que el roce de unos labios la arrancase de los más dulces sueños y, cada mañana, mirarse en un espejo que le susurrase: eres la mujer más bella de este mundo.

Una tarde de vendimia, mientras la mujer se secaba el sudor de la frente bajo el sol del ocaso, reconoció sobre una loma la figura de un hombre que parecía un príncipe recién apeado de su caballo: gallardo, piernas robustas, un poco despistado…
Aquél, sintiéndose observado, se giró. La contempló durante unos segundos con los ojos entornados y, sin dudar, echó a andar hacia ella.
Cuando estuvo a su lado, con su voz ronca e inundada de aire le dijo: Eres mía.
Sí, respondió ella, soy tuya. Tuya, al igual que estos rayos que se recuestan sobre las parras pertenecen al sol. Porque sin ti ya no existo, porque sin ti no soy nada.

El príncipe la condujo a su palacio, o así lo veía ella por alguna suerte de hechizo.
Un hechizo débil, porque la mujer no tardó en darse cuenta de que ningún cuento casaba con su nueva vida.
Él le obligó a cortar sus largos cabellos rubios, porque no era decente provocar a los varones de la corte. Miraba con desprecio los vestidos de seda que ella misma cosía para gustarle. Y cuando la mujer le empujaba en broma y le proponía jugar al escondite en el jardín como dos amantes furtivos, él le preguntaba: ¿acaso ves a nuestro alrededor alguna razón para reír?

Entre miradas de soslayo y largos silencios tuvieron dos gemelos.
La mujer pensó que eran un regalo de los dioses; o más bien que eran los dioses mismos bajados a esta Tierra para ayudarle a escribir, por fin, su propio cuento.
Pero sus hijos no eran dioses sino ángeles, con frágiles alas que se quebraban ante los gritos de un príncipe que, día tras día, se hacía merecedor del título nobiliario de príncipe de las tinieblas.

La mujer, haciendo gala de su fortaleza, pensó que suya era la culpa y que sólo ella podía arreglar su cuento. Y recorrió todas las fruterías de la ciudad buscando manzanas rojas, pero de todas salían gusanos; y preguntó en todas las farmacias de guardia si vendían algún elixir del amor como los que utilizaban las brujas, pero sólo obtuvo gestos de extrañeza.

Una noche fría como el silencio de los velatorios, la mujer sintió que un huracán le golpeaba la cara. Pero no era un huracán. En aquel tenebroso palacio ni siquiera corría el viento.
Se llevó la yema de los dedos al rostro y palpó la marca de la mano del hombre. Una gran mano abierta impresa sobre su rostro de porcelana.
No podía creerlo. Abandonó corriendo la habitación, se encerró en su dormitorio y sacó su espejito mágico del aparador.
Dilo, por favor, dilo, suplicó en silencio, esperando escuchar las palabras ansiadas. Pero el espejo no habló. No le dijo: eres la mujer más bella de este mundo.
El callado cristal estaba poblado de una densa niebla que, al disiparse, le mostró las grietas. Grietas en la porcelana. Cada vez más y más grietas, como un terremoto que vejaba las colinas y valles de su cara, lleca de sentimientos.

¿Qué podía hacer?, se preguntaba ella. Él era su príncipe. ¿Acaso no seguía siendo aquél que descubrió gallardo sobre una loma, recién apeado del caballo? ¿Acaso sus piernas no seguían siendo igual de robustas y su aspecto igual de despistado? Él la necesitaba. Ella era suya. Sí, suya. Porque sin él ya no existía, porque sin él no era nada.

Estaba confusa… también agotada. Pensó que lo que necesitaba era relajarse y dormir. Seguro que al despertar lo vería todo con más claridad. Dormir hasta que el roce de unos labios la arrancase de los más dulces sueños, y la devolviese a un mundo en el que los árboles fueran de algodón de azúcar.
Pero todos los colchones en los que se tumbaba pinchaban como camas de faquir. No podía conciliar el sueño. Le aterraba pensar en que, si cerraba los ojos, quizá no despertase jamás. Ya no había ningún príncipe para besarla mientras dormía…
Estaba condenada a vivir, eternamente despierta, en un mundo de pesadilla.

Todo enmudeció a su alrededor. Llegó un día en el que ya ni siquiera sonaba el tic tac de los relojes: hasta el tiempo temía pasar por aquel castillo, convertido en prisión. Las estancias se transformaron en celdas de castigo; los pasillos estaban flanqueados por barrotes de suelo a techo, de entre los cuales emergían brazos huesudos que intentaban agarrarle las ropas.
La mujer estaba sola. Sola en un mundo de espectros, arrojada al interior de una mazmorra cubierta de paja y excrementos.

Sus gemelos también se volvieron mudos. Cuando se cruzaban con ella por el castillo-prisión la miraban con la expresión plana de las caretas de las tragedias griegas. No querían que nadie supiera qué sentían; no querían que nadie supiera que existían. Incluso habían conseguido que sus corazones latieran más lento y más suave, para no llamar la atención.
Cuando la mujer se percató de ello, comenzó a llorar. No fue un llanto disimulado en un rincón. Tenía que llorar al mismo tiempo por ella y por sus gemelos, y lloró un minuto tras otro, formando olas y mareas.

Lloró tanto, que tuvo miedo de que el castillo se inundase y se ahogasen los gemelos, por lo que abrió la ventana para que el océano de lágrimas se vertiera hacia el foso.
Fue entonces cuando escuchó aquella melodía. Provenía de una carreta que pasaba junto a la muralla: “Help! I need somebody. Help! not just anybody”, canturreaba el cochero, recordando una vieja canción de los Beatles en la que alguien pedía ayuda…
¡Help!, gritó la mujer. Lo hizo sin pensar, sin dirigirse a nadie. O más bien dirigiéndose al universo entero.
¡Help! ¡Ayuda!

Al escuchar aquel grito liberado, el teléfono que reposaba en la mesilla de su dormitorio comenzó a vibrar. En la pantallita parpadeaba un cartel que decía: “Sólo tienes que descolgar”.
Apenas cogió el auricular, al otro lado comenzaron a sonar voces enérgicas y voces dulces. Voces que nunca había escuchado, o que nunca había sabido oír. Las voces simultáneas de todos los cuentos. Voces de duendes, de gnomos, de hadas y piratas con parche en el ojo y un garfio por puño que se aferraban a un cabo y gritaban: ¡Marineros, preparad los cañones y virad a estribor! ¡Encaramad este galeón a una ola que no se detenga hasta llegar al castillo de la princesa de todos los cuentos! ¡Más deprisa, que la princesa nos espera asomada a una ventana enrejada!

Los piratas se instalaron en el patio. ¡Nadie nos moverá de aquí, no hasta que recuperes la sonrisa!, gritó el capitán. ¡Y que no se le ocurra al príncipe de las tinieblas asomarse por estas tierras!
A partir de entonces, todo cambió en el interior de aquellas murallas de piedra. Siete enanitos aparecidos por alguna suerte de encantamiento se ocuparon de redecorar el palacio. A la mujer le divertían sus graciosos nombres: el enanito fiscal, el enanito acompañante, el enanito juez… Pero lo cierto es que, desde su llegada, la luz de las velas tiñó las paredes de sosiego, y hubo fuego en las chimeneas para calentar las estancias.

Agradecida, la mujer dio un abrazo a cada enanito.
El enanito psicólogo le robó dos besos y, a cambio, le dijo: Cuando vuelvas al campo verás que todos los girasoles están cabizbajos, esperando tu nuevo amanecer.
Estoy bien, le aseguró ella con una extrema dulzura, Pero no sé si merezco volver a amar…
Y el enanito, estirándose de puntillas para acariciar la porcelana ya reparada, le reveló: incluso en la noche más oscura surge un sol para iluminar nuevos caminos por andar. Sólo hace falta cerrar los ojos y mirar al cielo con el corazón.

El primer día de la siguiente primavera, mientras la mujer observaba sentada en un banco cómo sus hijos jugaban en el parque, escuchó pisadas en la gravilla.
Se volvió lo justo para mirar de refilón a un hombre que se acercaba. No llevaba ropas de príncipe. Quizá fuera paje, quizá campesino, o quizá un juglar buscando versos entreverados en los setos.
Sintió una punzada en el corazón. Sobresaltada, volvió a concentrarse en sus hijos. Cuidado, les gritó, no os impulséis tan fuerte en el columpio. Y de forma instintiva recogió su pelo en una coleta.
No deberías hacerlo, le dijo el hombre.
Ella se giró, ahora sí, para mirarlo a los ojos.
¿Por qué has dicho eso?, le preguntó.
Y él contestó: Porque esos cabellos deberían brillar bajo un sol perpetuo.
La mujer se estremeció.
Él sonrió. No le dijo: eres mía. Ni tampoco: soy tuyo.
Se limitó a abrazarla mientras le susurraba al oído: ven aquí, amor mío, que los dos somos uno.

FIN


MUSICA PARA EL ALMA


Maria Del Carmen Nazer compartió un enlace.
Hace 9 minutos

Cirugía mayor


Cirugía interior. Suturar los dolores y hacer trasplante de luces, hacernos donantes de amor incondicional y extirpar el odio imperante.

AVK

sábado, 8 de diciembre de 2012

Cuento corto de Gabriel García Màrquez.

(Cuento corto de García Márquez)

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios de aminorarlos.

Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.


Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar.

El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado.

Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención.

De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba.

Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta, se lo entregó a su hijo diciendo: "como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie".

Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así.

Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente.

- "Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo".

Al principio el padre no creyó en el niño!

Pensó que sería imposible que, a su edad hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.

Para su sorpresa, el mapa estaba completo.

Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares.

¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

De esta manera, el padre preguntó con asombro a su hijo:

- Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?

- Papá, respondió el niño; yo no sabía como era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre.

- Así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era.



"Cuando conseguí arreglar al hombre,

di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo".

jueves, 6 de diciembre de 2012

MI MUÑEQUITA MIMI.

   Este es un cuento para estas fechas. Para aquellas personas que pueden meterse en un huequito de su corazón, acurrucarse allí y volver a ser niños por un ratito.Para los que creen en la magia y llevan a cuestas su luz. Para los que aman y son amados.
                                "NO SE VALE " mentir.


   Había una vez ... una muñequita rubia con cuerpo de trapo, chiquita, chiquita ...con la panza repleta de caricias y dulzuras.
   De nombre le puse MIMI, para no tener que pensar mucho. Igual a ella le daba igual, no le importaba. Todo estaba bien. se conformaba con muy poco. Ahora que lo pienso , era la abanderada de los conformistas.
   No puedo recordar de dónde salió, sólo que siempre estábamos juntas. Eramos una . Para todos los efectos.Solía mirarme con asombro. Sus ojos, dos botones luminosos, parecidos a los bolones de colores que guardaba en mi casita de muñecas, que no era la de MIMI, porque ella no tenía nada.Como yo. Porque las cosas materiales "no se valen" como decía MIMI, lo que sirve es el amor, los besos, las caricias, que te arropen por las noches, que te digan mil veces que te quieren y te quieran de verdad. 
   Bueno ... yo se lo decía a MIMI y ella siempre me devolvía el cariño. Si alcanzaba a descubrir alguna lágrima rodando por mi mejilla, hacía toda clase de piruetas y ¡ zas...! aparecía la risa. Un manotazo de cosquillas se metían en el lóbulo de mis orejas, donde habita el centro de mi sensibilidad y estallaban las carcajadas que no podían parar ...
   En los días de escuela, yo la escondía en mi portafolios. En esos tiempos no existía la mochila y de a ratos, disimuladamente, le hacía algún mimito. para que no se sintiera triste.
   A la siesta, cuando el sol calcinaba y los grandes dormían, nos escapábamos a robar higos y granadas. ¡Las granadas maduras...! se abrían sensualmente  ofreciendo su jugo y sus granos. No podríamos encontrar pincel alguno que pintara tal belleza . Los higos eran más modestos pero a punto, riquísimos.De estas locas expediciones yo terminaba embadurnada , las manos y la cara "meladas". MIMI decía muy compungida ¡Va a ser para lío ...! 
   Las navidades sí que eran problemáticas, porque tenía que portarme bien. sí o sí, recitaba poemas para los amigos de la casa , mis padres explotaban mi vena artística precoz y yo hacía mil monerías. Allí no podía tenerla a MIMI y eso me daba mucha culpa. Desde entonces no me la pude desprender de mi corazón. Me convertí en culpógena para siempre ...
   Cuando íbamos al río tampoco podía llevar a mi muñequita, se iba a morir.  El río Uruguay, esa bendita cinta de plata, con sus aguas tranquilas , fluyendo sosegadamente, con su frescor relajante. Los interminables arrozales, el pan de cada día, decían en mi casa. Los naranjales, las naranjas caídas a merced de quien las necesitara, generosamente regaladas. Las largas noches pintadas con luz de luna...
   ¡Ah, los sueños de una corta niñez ...!
   Después la vida malhirió mi alma, pero yo, obstinadamente busqué y encontré mi luz. Esa luz que siempre llevo a cuestas. Algunos rayitos son de MIMI...


   La nena de la foto soy yo con mi muñequita MIMI. Una nena que no fue feliz , pero se las ingenió para soñar ...

lunes, 3 de diciembre de 2012

RECORDANDO ...

   Detrás del ventanal va amaneciendo el pasado ...
   ¡Plas ...! ¡ ...plas ...!!! el agua cae sobre el follaje verde, recién lavado, formando gotas redondas que se esconden sobre las hojas y espían risueñas, apenas un segundo... ¡ un destello ! luego se deshacen ...
   Un flamante automóvil circula lentamente y se detiene en la estación de servicio para saciar la sed y después seguir ... un respiro de gasolina. El gentío va y viene hacia todas las direcciones, argentinos y brasileros transitan la calle Colón , entreverados en divertido desorden.
   De tanto en tanto, echan a volar las campanas de la iglesia San José y las palomas huyen en bandadas bulliciosas.
   Hay ciudades que saben a contento, que huelen a ramitos de albahaca ... "... por sus frutos los conoceréis ..."
   Paso de los Libres es una ciudad muy especial para mi corazón. Allí está, acurrucadita, desde el momento en que nos elegimos. Allí me formé , con mis amadas monjitas Franciscanas de Gante. Allí fui 
feliz, como un pájaro plateado volando solitario los anchos espacios, luminoso, ingenuo, puro ... Allí caminé descalza sobre la hierba. Allí fui puro sueño, magia, fantasía, empapada de amor, dibujando jazmines en el aire , arropada por los hábitos negros que me amaban con predilección. Allí, aunque parezca paradójico, encerrada entre altos muros, fui libre. Todo el universo para mí. Todas las historias. Toda la vida ...
   Sí, Paso de los Libres es hermosa, tan hermosa que ni siquiera esta lluvia menuda, que se desparrama como un espejo de sí misma, opaca su lindura.

       " Como el anochecer entre los ´qrboles silenciosos
          mi pena, callándose, callándose,
          se va haciendo paz en mi corazón ". 

                                   RABINDRANAHT    TAGORE.